Hace tanto tiempo que no me sentía así. Pensé que nunca volverían los días de incertidumbre. Pero a medida que se acerca el día, es como que siento correr un reloj gigante a cada momento. A veces pienso que así se sentiría el conejo de Alicia en el país de las Maravillas. Corriendo siempre tras de algo que nunca se supo bien qué era. Como yo. El reloj apurando su marcha, dándole menos segundos por cada vez que paraba a decir dos palabras. Presión. Esa es la palabara justa para esta sensación que hoy me invade el pecho y me oprime los deseos. Y no porque alguien me corra o me diga que me debo apurar. Sino por mi misma. Yo sola corro tras de mi. Yo sola me obligo a ir más rápido. Y tan solo porque yo sola sé que queda poco para terminar. Quedan escasos meses que seguro serán los que dejen marcas en mi destino. Y la decisión a tomar, también aprieta. Es tan difícil decidir. Evaluar las opciones, sabiendo que ninguna es del todo satisfactoria. El miedo. La incertidumbre. Todo acecha sobre mi. Y por eso corro. Cada vez más rápido, aunque parezca en cámara lenta. Las horas no pasan, como si predijeran que el final se acerca y trataran de alejarlo de aquí. Sin darme cuenta, solo yo veo ese lento andar. A mi al rededor, todo vuela, todos van veloces a mi lado, pero sin mirarme, sin darme una palabra de aliento. Algo de ayuda que me pueda aliviar. Nadie conoce mi intranquilidad, nadie sabe que no quiero que termine. Nadie, nadie, nadie. A veces pienso que ni siquiera yo sé qué me pasa. Me siento rara. Como hace mucho no sentía. Y la angustia es protagonista, otra vez. Cómo me gustaría cerrar los ojos y no abrirlos jamás. Pero algo me detiene. Algo que siento y que está al otro lado de mis párpados inmóviles. Ese mismo algo que me corre. Rápido, rápido. Como al conejo de Alicia. Aunque quiero pensar que por lo menos yo, sí persigo algo y no es algo lo que me persigue a mi. Y claro, quiero alcanzarlo antes de que se me acabe el tiempo en este intranquilo y traicionero reloj.
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jueves, septiembre 8
lunes, agosto 8
sábado, abril 23
Hoy sentí como si mi vida fuera un gran monólogo. Será porque dormí demasiado o porque ultimamente no ando muy acompañada, que me llovió una sensación enorme de vacío. Todos en la vida estamos solos, en el fondo no somos más que simples individuos en un mar de gente que mira sin mirar, que oye sin oir y que habla sin hablar...
Recuerdo otras épocas a donde no necesitaba otra cosa que la bella compañía de la gente que me rodeaba. Pero casi como una brisa suave, eso se fue y quedó allá lejos, atras. Y ahí es cuando me viene a la mente una serie de cosas que pasaron, como imagenes de un video que pasa a muy alta velocidad, sin detenerse. Casualmente, el otro día veía una película que siempre me ha gustado mucho, aunque a veces me deja intranquilamente nerviosa... ¿Qué pasaría si un día me levantara sin recordar? Como si me hubieran borrado la memoria, todos los recuerdos estarían ausentes y ni siquiera sabría quién soy. Qué horrible sería, pienso. Es como perder tu historia, a las personas que más amaste y todos esos momentos que hicieron de tu vida un camino. Me sentiría como Joel, creo. Sin imaginarse que lo que vive no son más que los recuerdos que están quitando de su mente. Que a cada paso, a cada decisión, solamente está viendo cosas que ya pasaron y que posiblemente no volverán jamás... ¡Qué errada estaría si quisiera borrar algunas cosas de mi mente! Muchas veces lo he pensado. Hay momentos que duelen, que me han hecho tanto mal. Pero aunque quisiera arrancarlos de mis recuerdos, lo más sano es que vivan ahí. Porque gracias a ellos, sé que crecí, que aprendí, que viví. ¡Qué pobre sería mi alma sin recuerdos! Como un día nublado en el que el sol no se asoma a darnos su calor. Qué rara debió sentirse Clementine al verse olvidada. Porque no solo olvidar debe ser horrible. Sino que ser olvidado debe ser peor. Salir de la vida de alguien, como si nunca hubieras existido cuando en realidad formaste parte de una historia, de un lugar, de una persona. Realmente que debe ser feo estar en sus zapatos. Correr y correr para huir de la tortuosa máquina del olvido. Y nunca lograr esconderse. "Podrás correr, pero no esconderte... No de nosotros..." decía la voz fría que perseguia a Joel. Tristemente solo, por una tonta decisión. Creo que trataré de alejarme del papel de Joel. Pero sin dejar de admirar su tenacidad para escaparse de su triste realidad de soledad, tristeza y amargura. Y quisiera ser más valiente, como Clementine. Para no temer a ser olvidada, ni a olvidar. Porque al final, esas cosas del pasado, son las sensaciones que, mal que mal, y después de todo, nos mantienen vivos y alejados de aquel eterno resplandor de una mente sin recuerdos...
Hablando de:
Cosas de la vida,
Delirios,
Películas
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